SIN JUSTICIA PARA VÍCTOR LAÍNEZ

por Javier García Isac

25 septiembre 2020

No ha existido justicia para Víctor Laínez. Es cierto que, con la repetición de este nuevo juicio, en el que su asesino ha sido condenado a una pena de 20 años de cárcel, la menor de todas las posibles, y después del anulado proceso, en el que la pena impuesta al criminal era de 5 años de prisión, esto pudiera hacernos pensar, que por fin, se había hecho justicia.

El crimen de Víctor Laínez se podría haber evitado si su asesino no hubiera salido nunca de la cárcel, después de haber dejado tetrapléjico a un guarda urbano de Barcelona, sin las suficientes garantías de que no volvería a reincidir. Si las Julia Otero de turno, y las “radios” que les dan cobijo, no hubieran ensalzado, y mitificado, la figura de un delincuente como Rodrigo Lanza. Si todos aquellos que participaron en un infame documental, donde se nos pintaba como una suerte de caballeros con armadura a la pandilla de matones y cobardes de la que formaba parte Rodrigo Lanza, encuadrados en eso que pomposamente han denominado colectivos antifascistas y que se nos ponen como ejemplo de lo que debe ser la juventud actual. Si políticos irresponsables, nefastos e ineptos como Pablo Iglesias y toda su corte palaciega de alcoba de hembras y machos alfas, no incitaran a la violencia contra todo aquel que no piensa como ellos, o simplemente discrepa de su maldita y perversa ideología. Si medios de comunicación no criminalizaran y ridiculizaran a los que aman a España y lo demuestran con exhibición de simbología externa como pulseras o banderas de España, si esos mismos medios de manipulación de masas, no aceptaran como normal, que se pueda agredir a lo que ellos consideran facha o nostálgico no se sabe muy bien de qué. Si la sociedad no hubiera aceptado con naturalidad, la “cosificación” del disidente o discrepante, la “cosificación” de aquel que pone en duda las leyes de imposición de género o de memoria histórica y si aquellos que tenían el poder y la posibilidad de haber combatido todo lo anterior, se inhibieron, como si esto nada tuviera que ver con ellos. Efectivamente, la muerte de Víctor Laínez se podría haber evitado, y por muchos años a los que se condene a su asesino, años que posiblemente no cumpla íntegramente, nada podrá devolver la vida a un gran hombre de 55 años, que nunca se avergonzó de su condición de español y falangista y que fue eso, y no otra cosa lo que le costó la vida.

La madre del criminal se quejaba de lo pequeño de la celda donde su hijo cumple condena, pero esa celda nunca será tan pequeña, como el ataúd donde reposan los restos mortales de Víctor Laínez. Se criminalizan ideologías de paz y reconciliación, se ensalzan aquellas que solo generan odio y muerte, se tergiversa nuestra historia y se justifica la persecución del que no acepta como normal, lo que no lo es. Se rehabilitan asesinos y criminales de antes y de ahora, se muestra dolor y pesar por el suicidio de un terrorista y se desprecia y ningunea a las víctimas. Con estos mimbres, con esta sociedad que están  construyendo para nosotros, es lógico que a un asesino como Rodrigo Lanza, se le pretendiera poner en la calle de inmediato, total, él solo actúa como le han dicho que es correcto. Sin saberlo, Rodrigo Lanza es una víctima más de la sociedad, cosa que no le exime de su pecado. La sociedad se aprovecha de indigentes intelectuales, de violentos como Rodrigo Lanza, a los que utiliza, manipula y tira, una vez que ya no le sirven. Se creen anti sistemas, cuando son precisamente los peones que el sistema utiliza para el enfrentamiento contra todos aquellos que no aceptan la tiranía de lo políticamente correcto, de los “consensos” que ven como normal que se aprueben leyes que nos digan lo que tenemos que hacer, pensar o decir, leyes que secuestran nuestra libertad de pensamiento y que deslegitimizan todo atisbo de la democracia que dicen defender.

Diría que Víctor Laínez no ha muerto en vano, es una frase hecha y dolorosa, pero no lo será si mantenemos vivo su recuerdo y los motivos de su crimen. Lo mataron por ser y sentirse español, lo mataron porque le conocían, porque nunca escondió quién era y lo que pensaba, lo de los tirantes era algo accesorio, lo asesinaron porque era Víctor Laínez.


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(Redifusión)

Gonzalo Jiménez Tapia y Santiago de Dios

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