EL CORONAVIRUS COMO EL CAMINO HACIA LA BOLIVARIZACIÓN

por Javier García Isac

08 abril 2020

El gobierno no tiene una estrategia clara de cómo controlar la expansión de la pandemia, más allá del arresto domiciliario al que se nos tiene sometidos. Se nos vendió que el miedo corría mucho más rápido, mucho más deprisa que el virus y por lo visto no era cierto, el virus se propagó mucho antes que el miedo. Llevamos cuarenta días de encierro y el gobierno sigue hablando mucho, pero haciendo más bien poco. Se cerró el portal de transparencia de Mocloa, seguimos sin saber que ha sucedido con los test masivos que nos prometieron, con el material de protección para nuestros sanitarios, se nos ningunea en las estadísticas, quitando credibilidad a cualquier dato que ofrezca el gobierno. Toda iniciativa queda siempre aplazada para la próxima semana, en definitiva, cuarenta días perdidos donde el aplauso deja paso a la indignación y esta a la ira.

Estamos sumidos en una sensación de abandono y desidia, una sensación asfixiante que hace que nos sintamos solos. Ministros en continuas comparecencias y eternas promesas, mucha dosis de descoordinación, sin una línea clara de trabajo. El gobierno ha tirado la toalla, y de esta saldremos por la inercia y el trascurso del tiempo, no por ninguna medida extraordinaria prometida que además no acaba de implementarse. La tensión sanitaria tiende a desaparecer y las UCIS  a descongestionarse, como fruto de los miles de fallecidos y de las personas que ya han superado la enfermedad, pero no por la acción de un gobierno inepto, inútil e irresponsable. Un gobierno que ahora redobla sus esfuerzos mediáticos siendo el comunista Pablo Iglesias el auténtico amo, el que maneja los hijos. Un Iglesias que no ha sido visto por ningún hospital, ni residencia de ancianos, ni siquiera por alguna de las morgues improvisadas, un vicepresidente que se salta de manera continua la cuarentena, para pasearse por platós de medios de comunicación y televisiones amigas, después de que su pareja, y también ministra, haya dado hasta cuatro veces positivo por coronavirus. Empezamos a entender dónde están las pruebas o los test que no se nos han realizado si solo la pareja del macho alfa lleva cuatro y los demás ninguno.

La obsesión de Pablo Iglesias y del gobierno al que pertenece por controlar el relato y la información no conoce límites. No desea testigos molestos que le incomoden en su discurso gubernamental. Promete ayudas generalizadas en forma de lo que él ha denominado renta básica vital, sin explicarnos muy bien quienes serán los beneficiados de esas ayudas y de dónde piensa sacar el dinero para hacer frente a esas promesas. Tendemos de forma irreversible a la bolivarización del estado español y la expansión del coronavirus puede ser un aliado inesperado para los propósitos de Pablo Iglesias.

Pablo Iglesias está cumpliendo con la hoja de ruta marcada por Podemos. Consiguió entrar con fuerza en el gobierno de España, a pesar de haber obtenido los peores resultados de su corta historia, se hizo con el control de  varios ministerios de marcado carácter ideológico, se reservó una vicepresidencia, la cual le permite la injerencia en prácticamente todas las carteras, marca la agenda política y social del gabinete y, por el momento, tiene hipnotizado al presidente Sánchez, el cual no mueve un dedo si previamente no se lo permite Iglesias, incluso en contra de muchos de los miembros del PSOE.

En su macabro plan de bolivarización de la sociedad española, es crucial esconder los cadáveres, pues son el único escollo para conseguir su objetivos y por eso la importancia de controlar la información y perseguir a medios incómodos. En la implementación de sus fines también juega un papel fundamental la renta básica vital como medio para comprar apoyos y electores, una vez tenga todo esto bajo su bota, será muy difícil revertir la situación, sobre todo ahora que estamos confinados y con una capacidad de maniobra muy mermada. O espabilamos y reaccionamos, o después será demasiado tarde. El tiempo juega a favor de Iglesias y de los suyos y sin querer darnos cuenta, la excusa de la pandemia lo cubre todo, no solo nuestra libertad de movimientos, también nuestra libertad de pensamiento.


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