SOCIEDAD DOMESTICADA

por Javier García Isac

03 febrero 2021

No es nada nuevo que la clase política en España va por un lado y la sociedad en su conjunto por otra, por más que nos digan que todas las medidas, restricciones y limitaciones son por nuestro bien, o son tomadas después de meditarlas seriamente. No tengo la menor duda de que las medidas han sido estudiadas y analizadas muy seriamente, pero persiguiendo una finalidad muy distinta de la versión oficial que se nos cuenta, por mucho que gran parte de la sociedad padezca ese gigantesco ”síndrome de Estocolmo” y las acepte con naturalidad. Después de haber sacado a Dios de nuestras vidas y de la falta de espiritualidad, todo lo material se impone y el miedo a la muerte es un arma muy poderosa, que convenientemente utilizado y sabiamente manejado, obtiene los frutos deseados. Se acaba domesticando a la sociedad, se termina por infantilizarla y esta acaba viendo con absoluta normalidad que la encierren, la castiguen y le dicten todo aquello que puede, o no, hacer y que entra incluso dentro del ámbito privado más absoluto. Se acaba “empatizando” con el carcelero y comprendiendo y aceptando los motivos por los cuales somos severamente castigados.

Se nos induce al falso debate de “economía o muerte” como justificación a coartar nuestras libertades más básicas, como son la de movilidad, reunión o pensamiento. No exagero si digo que en varias comarcas de este país, la movilidad está limitada o restringida y no podemos salir del perímetro que nos ordenan, excepto para cosas muy concretas y que la autoridad competente decide. Tampoco sería falsa la afirmación de que la autoridad competente, formada por la clase política, se mete en nuestros hogares y nos impone con cuantas personas podemos estar y cuando debemos dar por concluida la reunión. También se nos dice lo que debemos pensar. No podemos opinar libremente, ni siquiera el cuestionarnos que algunas de las medidas que se nos imponen, con motivo de la pandemia provocada por lo que vulgarmente conocemos como “coronavirus”, son absurdas, a tenor de los resultados que se obtienen, como ellos mismos reconocen. Poner en duda la verdad, que por decreto se nos ha inoculado, puede acarrear, además de serias multas, el ser estigmatizado, tus cuentas personales en redes sociales canceladas o censuradas y una persecución que te provoca una muerte civil, que te hace muy complicado poder hacer una vida normal. La excusa de que pudiéramos ser propagadores de bulos por afirmar que es muy posible que las medidas pensadas para acabar con el coronavirus no hayan dado resultado para la COVID19, pero sí para la gripe, puesto que llevamos 10 meses con mascarilla, estuvimos tres meses encerrados y un sinfín de limitaciones y restricciones en nuestro día a día que han dado como resultado que no tengamos gripe, pero sí miles de contagiados y unos 85.000 fallecidos por coronavirus, siempre tomando como base lo que ellos nos cuentan, a mí me hace pensar que algo no funciona, pero no debo decirlo para no generar noticias falsas.

El gobierno de la nación es culpable, pero también lo son la práctica totalidad de los gobiernos autonómicos que, de una u otra forma, aun a sabiendas de que las medidas implementadas no sirven para el control de la pandemia y sí para arruinarnos a todos y matarnos literalmente de hambre y desesperación, las acepta, las toman como propias y, si les dejan, nos castigan más severamente que el gobierno central. Han entrado en bucle y no saben ahora qué hacer para salir de él, sin ser plenamente conscientes de que, al final, más dura será la caída.

Limitan nuestra movilidad, excepto si acudimos a mítines a escuchar sus soflamas. Todos sabemos que el virus en España conoce horarios y situaciones. No puedes salir de tu localidad a ver a un ser querido o al cementerio, pero sí podrás ir a escuchar a Iceta, Sánchez o Illa. Cierran nuestros negocios, pero ellos tienen sus sueldos garantizados. Ellos también deciden a quién podemos invitar a nuestra casa, cuantos pueden ser y a la hora a la que se deben marchar, mientras ellos organizan banquetes de amigotes sin limitación ninguna. Celebraciones donde no serán increpados por las fuerzas de orden público o por ningún “dron” de algún alcalde simpático, que eso sí, lo hace por nuestro bien. Vamos con paso firme y seguro hacia la “sovietización” de la sociedad y la excusa de la pandemia es su mejor aliado. Es cómodo gobernar con un pueblo sometido, atemorizado, encarcelado y con un toque de queda permanente. Nos han robado un año de nuestra vida y esta manera de sometimiento no será pasajera, ha llegado para quedarse y lo peor, es que nos acostumbraremos a vivir así, cobardemente, en silencio, en susurros, pero nadie levantará la voz, para no levantar sospechas.


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