ESPAÑA, UN CARAJAL POLÍTICO Y SÁNCHEZ, ESPECIALISTA EN VENDER HUMO

por Javier García Isac

13 marzo 2020

Es complicado permanecer al margen del esperpento de país en el que han convertido España. Uno intenta verlo y analizarlo con perspectiva crítica y alejado de todo sentimentalismo, intenta ser objetivo y tomar distancia, pero la realidad supera con creces la ficción. Llevo años pensado que mi capacidad de asombro estaba más que acabada y siempre debo reconocer que vuelvo a equivocarme. Es imposible, en la España que nos ha tocado vivir, que no existan cuestiones que vuelvan a sorprendernos.

Al igual que las desgracias, los esperpentos nunca vienen solos. Han sido suficientes únicamente dos meses, desde la investidura de Pedro Sánchez como presidente, para darnos cuenta del carajal de este gobierno social comunista plagado de ineptos a cada cual más imaginativo. Dejar volar la imaginación no suele ser buena consejera en cuestiones políticas y mucho menos de gobierno. España tiene 17 comunidades, 17 mini estados, con dos gobiernos centrales, mal coordinados y peor avenidos, donde los ministros comunistas buscan, día sí y día también, su cuota de protagonismo, con algunos ministerios que solo fueron concebidos para contentar a Podemos, pero con poco contenido real y sí mucho contenido floral. El problema y la descoordinación surgen cuando aquellos a los que se premió con carteras con la única finalidad de cubrir la cuota exigida como pago al apoyo prestado en una investidura, se creen la farsa,  tienen iniciativa propia, no se están quietos y piensan que es que ellos" lo valen". No asumen su papel florero, y menos aún, que se les haya hecho ministros por ser la pareja del macho alfa de la manada.

A las injerencias de la ministra de trabajo, Yolanda Díaz, metiéndose en las competencias del Ministerio de Sanidad dirigido por Salvador Illa, a las atribuciones que se toma el vicepresidente Pablo Iglesias respecto a otros ocho ministerios que no son de su incumbencia, tenemos que sumarle las que se toma su pareja al frente del Ministerio florero por excelencia, el de Igualdad, y el ridículo al que hemos asistido, con esa manía tan de la izquierda de querer legislarlo todo, incluso legislar sobre nuestra entrepierna, acabar con las libertades individuales y criminalizar al hombre por el simple hecho de serlo.

 Sánchez intenta tomar las riendas de un gobierno desnortado, a la deriva y con varios de sus miembros y "miembras" con un alto afán de notoriedad, faltos de cariño y que buscan desesperadamente sus minutos de gloria. Todo pareciera sacado de una mala película de humor italiana de los años 70, donde la gracia brillaba por su ausencia, con grandes dosis de chabacanismo, ordinariez y mal gusto.

España debe ser de los pocos países del mundo donde el gobierno organiza manifestaciones y protestas contra sí mismos. Lo vimos en el 15 M, donde el socialista Rodríguez Zapatero apoyaba el movimiento de protesta, siendo él presidente del gobierno de España, y lo vemos ahora con Sánchez y sus ministros, cuando acuden a manifestaciones reivindicativas, solicitando la igualdad, cuando en el caso de que estas existieran, serían responsabilidad directa de ellos, que son los que gobiernan y tienen la capacidad de eliminarlas. La tontería parece no tener límites y la imbecilidad es un denominador común de los miembros que forman este gobierno presidido por Sánchez.

Llevamos tan solo dos meses desde que Sánchez fue investido presidente y esto no ha hecho más que comenzar. Debemos estar cómodos, relajados y preparados ante lo que se nos viene encima y, sobre todo, no venirnos abajo. Todo sería excesivamente cómico, si no fuera de España de quien estamos hablando.

 


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