LA FÁBRICA DE LA TENSIÓN Y LA MALDAD DE LA IZQUIERDA

por Javier García Isac

17 noviembre 2020

"Vamos bien, pero nos conviene que haya tensión", fue la respuesta que captó un micrófono indiscreto, un micrófono que se creía cerrado, a la pregunta realizada por el periodista "amigo" Iñaki Gabilondo al expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Pocas cosas han cambiado desde entonces en el socialismo español. Tensionar la sociedad, dividirnos y enfrentarnos, trajo buenos réditos políticos y electorales a Zapatero y esa es la misma senda que han decidido tomar el presidente Sánchez y su escudero Pablo Iglesias.

La izquierda vive de generar tensión, si no la hay, la inventan. Para ellos es muy importante enfrentarnos y aparentar que son otros los que crean esa tensión, culpabilizan a todo aquel que no acepte con sumisión perruna sus postulados ideológicos.  En España existe una oposición domesticada, amaestrada, que piensa que ser moderados es asumir todo proyecto ideológico de la izquierda, en una estrategia claramente equivocada que les hace pensar que, de esta manera, no caen en la trampa que les tienden otros y que esas cuestiones de calado y fondo nada tienen que ver con ellos. La izquierda es una fábrica inagotable de sacar temas y cuestiones para que el enfrentamiento y la crispación no decaigan jamás y, si en algún momento parece que esta tensión decae, que nadie se preocupe, que de inmediato vuelven a la carga con nuevos asuntos más polémicos y polarizantes que los anteriores.

Decía Haiku que "para que el mal triunfe, solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada". Da la sensación de que, entre nuestra clase política y también en el conjunto de la sociedad, quedan muy pocos hombre buenos, muy pocos dispuestos a sacrificarse y a combatir el mal, a no asumir como "normal" aquello que no lo es.

 La izquierda fabrica el mal y la oposición domesticada lo acepta y, en la mayoría de las ocasiones, lo implementa y lo facilita. A lo largo de nuestra historia más reciente, han tenido innumerables posibilidades de dar la batalla ideológica y cultural. Nunca lo hicieron, es más, acabaron aceptando, como propio y como normal, todo aquello que debería haber sido combatido. Esa oposición domesticada, bien por omisión, bien por dejadez o bien por ignorancia, se han convertido en cómplices y colaboradores. El Partido Popular no está solo en esta labor colaborativa de deconstrucción de España en la que, junto con socialistas, llevan décadas embarcados; cuentan con el inestimable apoyo de la veleta naranja, con el apoyo del felpudo Arrimadas. A Inés Arrimadas solo le queda como única salida medio digna, después de tanta humillación y desprecio, solicitar su ingreso en el Partido Socialista, cuestión que tampoco nos produciría mayor extrañeza, e intentar capitanear, desde esas siglas, una corriente social demócrata dentro del PSOE.

En España hace ya mucho tiempo que desapareció la dignidad entre la mayoría de los miembros de nuestra clase política e Inés Arrimadas no tendría por qué ser una excepción. Son muchos los que confiaban en ella después de su paso por la política catalana, muchos los que deseaban su desembarco en la política nacional y la decepción generada es directamente proporcional a la ilusión que provocó. Inés Arrimadas es una política amortizada sin ningún futuro político que no sea el de su integración en el Partido Socialista. Arrimadas ha superado todas las líneas de dignidad exigibles a un político, y miren que se exigen pocas. Su organización deambula sin un objetivo claro, más allá del propio acomodo personal de los pocos dirigentes que todavía conservan.

Todo parece darles igual y todos aceptamos como irreversible el futuro que nos han preparado. Lo que está en juego en este momento es la propia supervivencia de la nación española, mientras nos tienen entretenidos con vágatelas y asuntos muy secundarios. Unos generan tensión y crispación en la sociedad mientras que otros entienden que la mejor manera de parar esa tensión y esa crispación es asumiendo, con total normalidad, el origen de esa misma crispación en una ilusa idea de pensar que la izquierda se olvidará del asunto, sin ser plenamente conscientes de que la izquierda es una fábrica inagotable de generar maldad, tensión y crispación y que, jamás, darán por concluido un asunto. Su capacidad creativa es inimitable.


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