Atacar capillas nunca salió tan barato

por José María Carrera

27 diciembre 2017
Por José C.Hurtado

El pasado miércoles 20 de diciembre amanecimos con una noticia que progresivamente ha ido de la indignación a la pasividad entre los aludidos, bien por que ya no es noticia sino rutina, bien por la connivencia con la que actúan las autoridades al respecto.

Y no es otra que un nuevo asalto y profanación de la capilla madrileña de las Hijas de la Caridad. En este ocasión, fue rota una de las vidrieras, se forzó el sagrario y se esparcieron las formas consagradas por el recinto, pudiendo haber sido robadas parte de ellas. Llegados a este punto, se ha de recordar que cuando hablamos de formas consagradas, hablamos de la presencia real en cuerpo, sangre, alma y divinidad en ellas de Nuestro Señor y que, por tanto, no es ya solo una grave ofensa a los católicos, que también, sino más grave aún, hacia la misma divinidad.

Podríamos suponer que en un país con un 70% de católicos, sucesos como este deben ser perseguidos por las autoridades, evitados y atajados con una serie de medidas legales que protejan los lugares de culto y los religiosos que aquí se encuentran. Nada más alejado de la realidad, desde el nuevo asalto a la capilla y cuando aún no ha transcurrido una semana, se han sucedido 3 nuevos episodios en los que la revista satírica El Jueves emitía una serie de viñetas y publicaciones alusivas a la navidad con un contenido en extremo ofensivo. Nos ahorramos aquí cualquier alusión literal a dicho contenido por la dureza del mismo. Como decía León XIII en su encíclica Libertas, “si se concede a todos una licencia ilimitada en el hablar y escribir, nada quedará ya sagrado e inviolable”. Y en esas estamos. Están violando lo más sagrado.

Estos sucesos transcurridos en una semana son el espejo de una realidad que, o bien no queremos ver, o ante la cual no queremos actuar. La semana pasada se hacía pública la absolución de Drag Sethlas tras su actuación en el carnaval de Gran Canaria, pasando a engrosar la connivencia de la que llevan haciendo gala las autoridades, con la absolución de Rita Maestre tras asaltar la capilla de la Universidad Complutense al grito de “arderéis como en el 36” o la de Javier Krahe tras “cocinar un Cristo”. Todo ello unido a las decenas de asaltos que se han dado en los últimos años, ante los que los asaltantes ni si quiera han pasado por una comisaría.

Pero todo ello comienza a cobrar sentido cuando nos damos cuenta de que la misma Rita Maestre es portavoz y concejala del Ayuntamiento. O de que Gonzalo Boye, el que fue abogado del asesino de Victor Lainez, Rodrigo Lanza, y condenado por colaboración con ETA, es igualmente el cofundador de una de las revistas que diariamente hostigan a los católicos en España, la revista Mongolia. También cobra sentido cuando nos damos cuenta de que Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, ha reforzado este año la Unidad de Gestión de la Diversidad para proteger las mezquitas islámicas de los inexistentes ataques, mientras que las Iglesias católicas siguen desprotegidas frente a las decenas de ataques y asaltos sucedidos solo en este año.

No podemos olvidarnos tampoco del protagonismo, quizá más light y liftado pero incluso más dañino que el de Podemos, que el que está cobrando el Partido Popular en dicho hostigamiento. A nadie le pasó desapercibido el duro ataque al que sometió Cristina Cifuentes al colegio católico Juan Pablo II de Alcorcón con multas incluidas tras manifestar su director su rechazo a la ya conocida como Ley Cifuentes.

Por todo ello, es más que evidente que el hostigamiento y persecución que se da sobre los católicos es directamente ignorado cuando no instigado por las autoridades, bien por acción bien por omisión.

Tras lo mencionado, se hace evidente otro punto. Queda lejos el tiempo en el que dimos la espalda a Dios en la sociedad, siendo ahora que vamos frontalmente en Su contra. Ese 70% de españoles que nos decimos nominalmente católicos tenemos el deber de analizar nuestra conducta al respecto. Porque, como estamos viendo, los más duros ataques quedan impunes ante las autoridades de uno y otro signo, especialmente los provenientes de los medios legislativos y de comunicación.

Y en este punto, es cuando tenemos que acudir al Este. En contraposición frontal al caso español, Polonia entroniza a Cristo como su rey, decreta leyes para fomentar el descanso dominical entre sus familias, y restringe y dificulta en extremo las posibilidades para abortar. Su primer ministro, Mateusz Morawiecki, afirmó el pasado 11 de diciembre sobre la Unión Europea que su sueño es “transformarla, volver a cristianizarla”, y que lo más relevante para él es “que el Señor me dé la fuerza suficiente para servir a Polonia”.

Cuando tras décadas de hostigamiento hacia los católicos y la fe no solo no se toman medidas, sino que son las propias autoridades quienes la fomentan, debemos quitarnos el velo y desengañarnos, asumir que estas son las consecuencias de alejar durante años de nuestra vida pública la moral propiamente constitutiva de España, que es la misma fe.

 


En directo

Directo a las estrellas

Víctor Alvarado

Featured image

Próximos programas