MARLASKA: LA PRUEBA PALPABLE DE LA RENDICIÓN DE ESPAÑA ANTE ETA

por Javier García Isac

21 septiembre 2020

Es muy difícil, muy complicado, superar en España los niveles de indignidad del ministro Fernando Grande-Marlaska. Sabíamos que el personaje se había comido a la persona, que "la nenaza" se impone a su labor como ministro de Interior, que su condición sexual prevalece sobre sus obligaciones, pero, las últimas afirmaciones realizadas hacen de él un personaje detestable, odioso, un sujeto que merece todo nuestro desprecio y, por qué no decirlo, también toda nuestra ira.

No es la primera vez que afirmo que, históricamente, en nuestro país y, sobre todo, durante la frenética actividad terrorista en España, con más de 1200 muertos, 200.000 desplazados e innumerables heridos, la labor de los sucesivos ministros de Interior era posiblemente la más valorada, dentro del conjunto de la sociedad, aunque no en pocas ocasiones, de forma inmerecida, pues esos mismos ministros, a los que se veía muy compungidos en entierros y velatorios, pertenecían a ejecutivos que, en la mayoría de las ocasiones, eran muy poco eficaces en su lucha contra el terrorismo.

Grande-Marlaska merece capítulo aparte. Después del Zoquete Zoido y del crucero Piolín, donde alojó en condiciones manifiestamente mejorables a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado destinadas en Cataluña tras la aplicación del artículo 155 y donde fueron abucheados y maltratados con la inhibición del propio Zoido, hoy premiado como bulto sospechoso de eurodiputado en el parlamento europeo, pensábamos que lo habíamos visto todo y nos volvimos a equivocar. Faltaba el indigno Marlaska y sus afirmaciones de que algo "bueno ha traído ETA". Grande-Marlaska pertenece a un gobierno en el que el presidente da el pésame por el suicidio de un terrorista condenado a 20 años de cárcel por ayudar a la banda asesina a matar españoles. Grande-Marlaska no pone a su equipo a trabajar en el esclarecimiento de los más de 400 crímenes que todavía quedan por resolver de los asesinos de ETA. Grande-Marlaska, en línea con el gobierno del que forma parte, blanquea a la organización terrorista, más por devoción que por necesidad de que sus presupuestos generales del estado salgan adelante.  El PSOE es una organización que históricamente se ha sentido cómoda con criminales, corruptos y violadores. Les cuesta condenar la violencia de aquellos que le son ideológicamente cercanos y Marlaska no iba a ser una excepción.

Grande-Marlaska, la nenaza, el sobrenombre que le puso la que fue ministra de Justicia y actual fiscal general del estado, la Lola Delgado y que a él parece no disgustarle, afirmaba la pasada semana en sede parlamentaria "que ETA había traído: lo peor y lo mejor. Trajo lo peor:  asesinatos, amenazas, que la gente tuviera que irse de su centro de vida, pero también trajo lo mejor: unidad de los demócratas, la unidad de las víctimas, el trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado luchando contra ETA". Uno tiene que esforzarse y escuchar y leer la declaración de la nenaza varias veces, pensando que es literalmente imposible que un ministro del interior vea algo bueno en ETA y en sus casi 900 crímenes, y menos aún que nos hable de unidad de víctimas, unidad de demócratas o trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. Estoy seguro que tanto las víctimas, como las personas a las que él llama demócratas, hubieran preferido que ETA no existiera y así no tener que estar agradecidos por su "unidad". No creo que los familiares de los centenares de policías, guardias civiles o militares asesinados, estén muy contentos con ETA, a pesar de que para el ministro deberían estar agradecidos a la banda asesina pues, gracias a ETA, ellos han mostrado su gran profesionalidad.

Grande Marlaska, además de ser un miserable, es un grandísimo mierda. Nadie ha derrotado a ETA y él, mejor que nadie, simboliza el triunfo de la organización terrorista sobre el estado español. Que él sea ministro de Interior es la prueba palpable de la rendición de España frente al terrorismo.


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(Redifusión)

Gonzalo Jiménez Tapia y Santiago de Dios

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