EL PARTIDO POPULAR: POCO DERECHITA, MUY COBARDE

por Javier García Isac

28 octubre 2020

La valentía, la gallardía y la determinación no son cualidades que puedan atribuirse al Partido Popular. Siempre entre dos aguas, siempre intentando contemporizar con aquellos de los que solo obtienen desprecio y odio, siempre nadando y guardando la ropa, siempre con miedo y siempre pendiente del que dirán los demás, nunca los propios. Es como una mala alcahueta, una antigua portera, trasmisora de cotilleos y asustada de la imagen que nos da.

El Partido Popular se equivoca de estrategia, con un pronóstico erróneo que le hace tomar decisiones que no son las más adecuadas. Su comportamiento durante la pasada moción de censura presentada por Vox contra el gobierno social comunista de Pedro y Pablo, ha dejado en evidencia todas las carencias de una organización a la que solo le preocupa su propia supervivencia. Incluso en esto se equivocan, su actuación y puesta en escena ha sido tan decepcionante, que ni siquiera esto tienen garantizado. Al Partido Popular se le acaba el crédito. Sigue empeñado en insultar a su electorado, como vienen haciendo desde los últimos 30 años, pensando que nada ha cambiado y que tienen garantizado el apoyo de aquellos a los que menosprecian y que están temerosos de un gobierno de izquierdas en España.

La dejadez de funciones de los populares ha convertido a la formación liderada por Santiago Abascal como la única oposición parlamentaria creíble. Los populares no han estado a la altura de las circunstancias, han dado un balón de oxígeno al gobierno de Sánchez y han perdido una oportunidad irrepetible de haber ganado protagonismo y haber hecho frente común contra lo que ya es, sin lugar a dudas, el peor gobierno de la historia de España, y eso que el listón no estaba excesivamente alto. Es complicado que la ciudadanía y el votante común entiendan la motivación que ha conducido a los de Pablo Casado a no apoyar abiertamente la propuesta de Vox. Lo de menos es si daban o no los números, lo importante era saber dónde estaba cada cual, cuestión que nos ha quedado bastante claro.

La estrategia seguida por el Partido Popular pareciera que viniera marcada por el rival político, por los editorialistas del panfleto El País o por los de la Sexta, o, en el mejor de los casos, por el diario ABC o por La Razón, por miedo a perder todas las prebendas que los populares han debido prometerles. Sea lo que fuese, el Partido Popular vuelve a insultar a su electorado, al que toma por imbécil, pensando que el cuento del voto útil les seguirá dando resultado. Los dirigentes populares no deben pisar la calle, más que para ir al congreso de vez en cuando, están desconectados de la realidad económica, política y social, y la mayoría de eso que llaman los barones, parecen no querer entender que algunos de ellos deben sus gobiernos autonómicos  al soporte parlamentario que Vox les ofrece, cuestión que una vez, visto lo visto, Vox debería replantearse. La lealtad de los populares hacia aquellos que tanto debe brilla por su ausencia, lo que legitimarÍa a la formación de Abascal a romper con los populares. Al parecer el Partido Popular está mucho más cómodo con socialistas y comunistas que con Vox.

Es tiempo de hacer balance y es tiempo de reflexionar. Nunca en España una moción de censura que no ha prosperado, ha sido tan útil y clarificadora como la presentada por Vox la pasada semana. No tengo ninguna duda de que gran parte de los votantes tradicionales del Partido Popular se han vuelto a sentir ninguneados y despreciados y que se lo pensarán dos veces antes de volver a dar su apoyo a aquellos que sirven de blanqueadores de Pedro Sánchez. Pablo Casado, Teodoro García Egea, el considerado por todos como el mejor lanzador de hueso de aceituna del mundo, Cuca Gamarra y algunos de los dirigentes más insignes del Partido Popular,  junto con los grandes gurús de la Calle Génova, en lugar de haber realizado alguno de los máster más cotizados y caros de los Estados Unidos o Inglaterra en alguna buena escuela de negocios con nombre rimbombante y pomposo, deberían haber ido al mundo de Oz, a solicitarle al gran mago, un poco de valentía que supla algunas de sus grandes carencias. El resultado, sin lugar a dudas, hubiese sido mucho más efectivo, valioso y rentable.    


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