Fiascos y chapuzas de la "memoria histórica"

por Radio YA

08 agosto 2017

La izquierda española se distingue de sus correligionarios europeos en su falta de capacidad para convivir con el rival político. Desde el odio más simple, pretende la absoluta eliminación del contrario del espectro político, más allá de la preeminencia en el debate o la alternancia en el poder.

Acomplejada y cobarde, lo que un día fuera la derecha española sólo se ha preocupado de la financiación del Partido, las cajas de puros y las cuentas en Suiza. Ello ha llevado a un abandono ideológico absoluto. Han renunciado al debate y la defensa de principios quedando inútiles para la confrontación. Por ese terreno yermo la izquierda y el separatismo han avanzado  -ora juntos,  ora a su aire - hasta dejar a España huérfana de casi todos sus rasgos de identidad y con sólo una minoría que estemos dispuestos a defenderla.

Los odiadores profesionales de la izquierda carpetovetónica han encontrado en la "memoria histórica" un argumento más con el que amedrentar a la ex-derecha parlamentaria. El partido fundado por el Ministro de Información y Turismo de Franco lleva desde 2002 condenando "el régimen anterior".

Sin embargo, los que más allá de intereses políticos y parlamentarios y del sobrepasado esquema de izquierda y derecha sólo defendemos la verdad, nos vemos en la obligación de denunciar que la Ley de Memoria Histórica y el afán de quienes promueven sus actuaciones son profundamente injustos. La imposición orwelliana por ley de una interpretación político-propagandistica de un periodo de la historia con la consecuente persecución de aquellas voces discordantes que no se ajusten a los dictados del Ministerio de la Verdad, es directamente totalitaria.

Y lo preocupante es que en la izquierda, ese deseo de aniquilación política es sólo el paso previo al de aniquilación física. Un caínismo rayano en lo para-criminal que, en tiempos recientes, les ha llevado a dar cobertura al terrorismo de ETA o sus marcas políticas y en otros pretéritos hizo estallar la II República llevándonos al peor desastre colectivo que recuerda nuestro país.

Es evidente el afán de manipular y tergiversar la historia para transmitir una versión infantilmente manipulada, simplista e increíble. Los promotores de la "memoria histórica" necesitan tapar los execrables crímenes y vergonzosos delitos que, en primer lugar, cometieron contra la II República desde 1931 a 1936 sus correligionarios de entonces, incluido el golpe de estado de 1934 y el pucherazo del frente popular. Ello sin contar la persecución religiosa, las matanzas sistemáticas, las chekas y la institucionalización del atentado político.

Se trataba de formaciones políticas con fines y métodos totalitarios que pretendían instaurar en España una dictadura de corte socialista y partido único como en las repúblicas soviéticas. Entonces, al menos, no se travestían de demócratas. Amenazaban de muerte directamente en el parlamento para luego mandar a sus milicianos o a los guardias de asalto ejecutar la sentencia en las calles.

Con las pistolas de ETA, GRAPO, FRAP, Terra Iure y otros ya en silencio, los herederos políticos de aquellos hoy se conforman con la muerte civil y política de los que consideran enemigos, que no simples rivales: esto es, todos los que no piensan como ellos. Y la desaparición, naturalmente, es con carácter retrospectivo.

La corriente “memorialista” no pretende en absoluto la reparación de aquellos que sufrieron represión o fueron asesinados de manera injusta. En su aplicación práctica sus promotores más entusiastas han demostrado que se trata de una suerte de venganza sectaria y una manipulación de la Historia para borrar de un plumazo lo que no les gusta de ella. Hay miles de ejemplos de ello. Pero el Ayuntamiento de Madrid, la concejala Celia Mayer y la Comisión presidida por Paca Sauquillo han protagonizado los casos más sonados.

En la lista de fiascos de la “memoria histórica” Manuela Carmena se lleva quizá la mención de honor. El último de ellos es la decisión del juzgado de lo contencioso número 7 de Madrid que ha suspendido cautelarmente el cambio de la calle Millán Astray tras una intensa lucha vecinal y movilizaciones en las que han participado cientos de legionarios.

Entre los objetivos favoritos de los memorialistas se encuentra la Fundación Nacional Francisco Franco, que tiene a su cargo el archivo personal del general gallego formado por decenas de miles de documentos de cuyo valor histórico e importancia de conservación no es necesario dar explicaciones. Y es que esta Fundación se ha hecho cargo de gestionar las visitas del Pazo de Meirás, y con tal ocasión centra ahora las críticas de nuestra entrañable progresía rampante.

A su portavoz, Jaime Alonso, le bastaron unos pocos minutos para dejar a cariacontecida a Cristina Pardo, presentadora de La Sexta que habitualmente sigue los actos del Partido Popular y esperaría por ello una actitud meliflua y condescendiente como la que está acostumbrada a ver en la no-derecha. Cristina, en su papel de periodista apparatchik, quería montar polémica y ganar puntos con el jefe de vacaciones hablando de muchos muertos y de cunetas. Se encontró con la verdad insoslayable.   

 

 

Otro fiasco recurrente de los memorialistas, haciendo demagogia del dolor cierto aquellas familias que no han podido tener un lugar digno donde velar a sus deudos, es el de buscar enterramientos al albur de meros rumores o testimonios orales ignotos. En tal pueblo se dice… Allí se comenta que los fascistas… Recuerdo que mi tía contaba que cuando llegaron los de Franco…

De tal suerte que la España llena de cunetas y fosas comunes con la que muchas asociaciones están llenando sus arcas ha tenido en varias ocasiones un desenlace inesperado: lo que recuperan los memorialistas son cadáveres de asesinados por sus correligionarios, como sucedió el pasado mes de junio en  Figuerola d’Orcau, donde el Conseller Raul Romeva tuvo que tragarse el sapo de decir que “la memoria es de todos”al conocer que los 17 cadáveres desenterrados junto a la tapia del cementerio eran de soldados franquistas.  

En otras ocasiones, como ha pasado más recientemente en Utrera, simplemente no encuentran  lo que buscan. Según los historiadores locales, informa 20 Minutos, existían indicios de que un una zona del cementerio de la localidad sevillana existieran “fosas comunes que albergaban los cuerpos de utreranos represaliados a consecuencia del golpe de Estado de 1936”. Tras una prospección con radar de subsuelo en la zona indicada por los investigadores, los resultados arrojados fueron negativos. El Ayuntamiento de Utrera ha realizado una prospección en otra zona del cementerio para garantizar que una futura ampliación de nichos no interfiere con las presuntas fosas con represaliados que señalan los historiadores locales con el mismo resultado: no aparecen.


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Borja Pascual

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